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Litigación Oral

¿Hemos convertido la litigación oral en un espectáculo para las redes sociales?

Hace pocos años, en China se vivió un fenómeno inusual: numerosos creadores de contenido realizaban transmisiones en vivo debajo de puentes. Otros acudían a barrios de alto poder adquisitivo con la intención de que los algoritmos de las redes sociales favorecieran la difusión de sus transmisiones entre los usuarios de esas zonas. ¿El objetivo? Ganar seguidores y obtener regalos virtuales y donaciones. Aunque esta práctica puede resultar discutible, es una manifestación legítima de un fenómeno social. Sin embargo, lo que no resulta aceptable es lo que viene ocurriendo actualmente en los tribunales de justicia peruanos.

Al desplazarnos de un video a otro en las redes sociales, encontramos cada vez con mayor frecuencia contenidos de abogados defensores que transmiten en vivo sus audiencias judiciales o publican extractos de estas. En las grabaciones podemos ver y escuchar a testigos, jueces, fiscales y otros participantes del proceso. Por supuesto, el protagonista suele ser el abogado defensor, quien ha instalado cuidadosamente su aro de luz, elegido el mejor ángulo para su cámara y preparado todo para exhibir los errores de la Fiscalía o algún desencuentro con el juez. En algunos casos, estos videos incluso se han viralizado. Es aquí donde comienzan a surgir problemas muy graves.

A continuación, enumeraré una serie de problemas que plantea este tipo de prácticas que, desde mi perspectiva, considero indebidas:

1. Indebido tratamiento de datos personales y vulneración de su protección. Los jueces, fiscales, testigos y demás participantes de las audiencias no han brindado su consentimiento previo y expreso para que un abogado transmita o difunda sus intervenciones a través de las redes sociales. La finalidad de una audiencia virtual es llevar a cabo un acto procesal, no generar contenido audiovisual para que un abogado lo retransmita, sin autorización ni control alguno, ante una audiencia potencialmente ilimitada.

2. No basta con difuminar el rostro o el nombre de los intervinientes. La voz también puede constituir un elemento que permita identificar a una persona. Por tanto, ocultar el rostro o el nombre de quienes participan en una audiencia judicial no garantiza necesariamente su anonimato, especialmente cuando el contenido difundido permite individualizarlos por otros medios. Quienes estamos familiarizados con la práctica del litigio podemos reconocer con relativa facilidad a jueces y fiscales, incluso sin necesidad de ver sus rostros.

Además, existe otro problema que merece atención: la selección interesada de los fragmentos que se publican. Difícilmente un abogado difundirá aquellos momentos en los que él mismo comete errores. Por el contrario, con frecuencia se privilegian extractos destinados a exhibir, desacreditar o incluso ridiculizar las intervenciones y posiciones jurídicas de los demás participantes del proceso. De esta manera, una actuación judicial termina convertida en contenido para las redes sociales, muchas veces desprovisto del contexto necesario para comprender lo que realmente ocurrió durante la audiencia.

3. Doxing y exposición al hostigamiento digital. Un aspecto que no hemos valorado suficientemente es que, en muchos casos, los litigantes buscan que los extractos de sus audiencias se viralicen, incluso a costa de generar comentarios irrespetuosos, descalificaciones e insultos contra fiscales, procuradores y jueces. La selección de los fragmentos, el encuadre de la cámara y la «teatralidad» de determinadas intervenciones —que suelen durar apenas unos segundos o pocos minutos— no son necesariamente casuales: buscan captar la atención del público, generar reacciones y obtener elogios para quien protagoniza el video.

El problema se agrava cuando esta exposición desencadena ataques personales, hostigamiento digital o campañas de desprestigio contra quienes intervienen en el proceso judicial. Así, el debate jurídico deja de centrarse en los argumentos y se traslada a un escenario en el que la popularidad del abogado parece importar más que el respeto debido a los demás participantes de la audiencia.

4. No son herramientas pedagógicas. Algunos creadores de contenido recurren a una justificación para defender estas prácticas: sostienen que publican extractos de sus audiencias para que su «comunidad» aprenda a litigar. Desde la perspectiva de la educación de adultos, considero que este argumento es, cuando menos, cuestionable.

¿A quién pretende enseñar el litigante? ¿Al fiscal o al juez? Evidentemente, no. En muchos de estos videos, ellos son precisamente el objeto de escarnio. ¿A su «comunidad»? Tampoco parece ser esa la finalidad. Uno de los pilares de la enseñanza es la identificación previa del público al que se dirige una actividad formativa, así como la definición de los objetivos de aprendizaje. Cuando un abogado se graba y publica fragmentos de sus audiencias, sin autorización y para una audiencia indeterminada, difícilmente puede sostener que está desarrollando una actividad pedagógica estructurada.

A ello se suma un problema todavía más preocupante. En buena parte de los videos que he podido ver o escuchar, los abogados despliegan una impresionante teatralidad, pero sus intervenciones contienen fundamentos jurídicos equivocados o técnicas de litigación inadecuadas. Lo diré sin rodeos: están difundiendo malas prácticas profesionales. Eso no es enseñar. Al menos, no es hacerlo de manera responsable.

Si realmente desean enseñar, pueden organizar talleres, diseñar cursos, impartir seminarios o generar espacios de formación en los que se analicen críticamente las técnicas de litigación. Grabar una intervención judicial para que el público exclame «¡Mira cómo lo hace el defensor!» no constituye, por sí mismo, una actividad educativa. Es, sencillamente, una estrategia de marketing personal.

Y precisamente de eso trata el siguiente punto.

5. Marketing a costa del cliente. Cuando los abogados defensores asumimos el patrocinio de una persona, aceptamos un encargo fundamental: velar por sus derechos e intereses. Nuestra actuación profesional debe estar orientada a su defensa, no a incrementar nuestra popularidad en las redes sociales.

Me pregunto si, durante las reuniones previas a la contratación, alguno de estos abogados les plantea a sus potenciales clientes lo siguiente: «Utilizaré las grabaciones de las audiencias del caso que me estás confiando, a mí y no a otro abogado, para generar contenido en mis redes sociales». ¿Se les informa que sus declaraciones, las intervenciones de los demás participantes o determinados momentos del proceso podrían terminar publicados en TikTok o Instagram?

Esto no es un asunto baladí ni una cuestión trivial. La utilización de las actuaciones judiciales con fines de promoción profesional es algo que debe ser expresamente informado y acordado con el cliente. A los abogados nos alcanza el deber de confidencialidad y la obligación de proteger los intereses de quienes depositan su confianza en nosotros.

Participar en una audiencia judicial como abogado defensor es una cosa; utilizar las grabaciones de esa audiencia para alimentar nuestras redes sociales, promocionar nuestros servicios o viralizar la intervención de nuestro propio cliente es otra completamente distinta.

La confianza que deposita un cliente en su abogado no puede convertirse, sin su conocimiento y autorización, en una oportunidad de marketing personal.

6. A monetizar: ¿y si los fiscales y jueces también transmitieran sus audiencias en vivo? Hasta donde he podido observar, este fenómeno se presenta principalmente entre abogados defensores, no entre fiscales ni jueces. Sin embargo, hay un aspecto que merece especial atención: las transmisiones en vivo pueden generar ingresos económicos mediante regalos virtuales, donaciones y otros mecanismos de monetización de las plataformas digitales.

Esto nos lleva a una pregunta que considero indispensable: ¿qué dirían los abogados si los fiscales y jueces comenzaran a transmitir sus intervenciones judiciales en TikTok o Instagram para ganar seguidores y obtener ingresos adicionales?

Felizmente, no he visto a ningún juez ni fiscal adoptar esta práctica que considero indebida. Si lo hicieran y comenzaran a monetizar sus intervenciones, surgirían serios cuestionamientos éticos y jurídicos. Estarían percibiendo una remuneración del Estado por el ejercicio de sus funciones y, simultáneamente, obteniendo ingresos vinculados a esas mismas actuaciones a través de plataformas privadas como TikTok o Meta. ¿Sería aceptable? ¿No cuestionaríamos inmediatamente su conducta?

El problema de fondo es que estamos convirtiendo la litigación judicial en un espectáculo para las redes sociales. Y no creo que debamos esperar a que esta práctica se generalice para reaccionar.

Espero que, en un futuro cercano, los colegios de abogados y las cortes de justicia adopten lineamientos claros que regulen estas conductas y, cuando corresponda, prohíban la utilización de las audiencias judiciales como instrumentos de promoción personal o monetización. La publicidad de las actuaciones judiciales no debe confundirse con una autorización irrestricta para convertirlas en contenido destinado a las redes sociales.

Hace poco observé las quejas de un litigante porque, al advertir que estaba transmitiendo la audiencia a través de sus redes sociales, el juez dispuso suspenderla y continuarla de manera presencial. Aplausos para ese juez. Más allá de las particularidades del caso, considero que su decisión constituye un ejemplo de dirección activa de las audiencias y de preocupación por preservar la finalidad del acto procesal.

La justicia no debería convertirse en un escenario donde lo importante sea conseguir más visualizaciones, seguidores o regalos virtuales. Su finalidad es otra, y quienes ejercemos la abogacía deberíamos ser los primeros en recordarlo.

Por: Ricardo N. Elías Puelles

* La imagen de la portada ha sido generada con Inteligencia Artificial. No constituye edición alguna.

Las mujeres y la litigación. Seamos sinceros

“¿Por qué pierdes tiempo enseñándole a las mujeres a litigar?, ¿no sabes que su carácter impide que sean buenas litigantes?” Fueron dos de las preguntas más estúpidas impertinentes que me han hecho. Durante cuatro años fui Training Coordinator del American Bar Association – Rule of Law Initiative, capacitando a más de cuatro mil policías, fiscales y jueces en Perú. En una ocasión, entrevisté a un profesor que quería sumarse al equipo de docentes. No recuerdo la fecha pero sí sus preguntas pues resumen lo que veo en la actualidad: Eventos de capacitación en Derecho Penal, Procesal Penal y Litigación Oral donde sus expositores son hombres. Sólo hombres. Los mismos hombres de siempre y que, en algunos casos, lejos de contribuir a mejorar el sistema de administración de justicia, lo distorsionan. Lo contaminan. Lo pervierten. No hace falta decir nombres. No es correcto. 

Perú sigue siendo un país machista, lleno de estereotipos y de prejuicios. Lamentablemente o no nos damos cuenta o, simplemente, lo ignoramos. Le pido al lector que visite algunos portales jurídicos y encontrará lo mismo. Hombres y sólo hombres capacitando. Ese es el problema: La ausencia de mujeres en las capacitaciones. Seamos sinceros, las hemos invisibilizado y esto no es correcto. Claro, en “su día”, todos los hombres cuelgan mensajes de apoyo por aquella lucha que empezó hace muchas décadas y que aún no concluye. Pero, al día siguiente: Más capacitaciones y sí, impartida exclusivamente por hombres.

Los años que pasé en ABA ROLI significaron para mí un proceso de maduración académica y de profunda reflexión. Conocí a profesoras fenomenales que luchan en sus localidades y países contra un sistema penal perverso pero también contra absurdos prejuicios. Ya es suficiente. Luego de algunos días de reflexión contacté a cinco profesoras y buenas amigas. Les planteé organizar un evento: el I Curso On Line Latinoamericano de Litigación Oral. Todas aceptaron y, desde un inicio, mostraron un profundo compromiso con el proyecto.

La plataforma que emplearíamos tenía una capacidad limitada: 100 personas. Dos horas y media bastaron para que recibiéramos 756 registros. Litigantes, jueces y juezas de toda América Latina querían participar. El resultado: un éxito rotundo. Lógico, contábamos con profesoras brillantes.  

Fueron cinco días intensos y después de una semana sigo recibiendo correos de agradecimiento de l@s participantes. Sé que este proyecto continuará y seguiremos demostrando que el “profesor” de las preguntas con las que inicié esta entrada estaba total y absolutamente equivocado.

Si quien está leyendo esto es un / una organizador/a de eventos académicos, caiga en cuenta del gran problema que genera al mantener un status quo que únicamente consolida estereotipos. Comprométete.

Compañeras, su lucha es nuestra lucha.

La preparación del testigo. Tercera parte

Durante las últimas semanas, hemos compartido algunas ideas sobre la importancia de la preparación del testigo. Antes de continuar -y, a modo de repaso- veremos qué sucede cuando el testigo nos oculta información:

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Ahora, imaginemos que eso sucede en medio del juicio, ¿cuánta credibilidad ostenta nuestro testigo? y ¿cómo lo rehabilitamos si no sabemos qué más nos oculta? En las líneas siguientes desarrollaremos algunos puntos adicionales que esperamos sean de su interés:

1. Explicarle qué haremos cuando el testigo no recuerde algún punto importante o se contradiga. ¿Cuántas veces nos ha sucedido que el testigo olvida alguna parte del relato? Si no lo preparamos frente a este escenario, es muy probable que el testigo nos ponga en aprietos. Así, será importante que remarquemos que si no recuerda algún punto, debe decirlo pues si no lo hace y dice por ejemplo «no lo sé», no podremos emplear las técnicas adecuadas para refrescar la memoria.

De la misma forma, le explicaremos que si entra en contradicciones con lo que dijo antes (declaración previa), emplearemos técnicas para superar su contradicción. Es muy importante que entienda este punto pues, de lo contrario, no faltará el testigo que crea que lo queremos ridiculizar y no ayudará a su rehabilitación.

2. Explicarle cómo se incorpora la prueba material al juicio. Si nuestro testigo es, por ejemplo, el perito que recogió una evidencia o el policía que incautó el arma del criminal, en la fase de preparación le explicaremos la importancia de incorporar dicha prueba a través suyo. En otras palabras, le explicaremos cuáles son los pasos para el reconocimiento de la prueba en juicio, su incorporación y cómo el testigo la «hará hablar». Nos encontramos en un sistema en el que las pruebas «no hablan» por sí solas sino a través de los testigos. Obviamente, el abogado debe conocer cuáles son los pasos para su incorporación pues, de lo contrario, se expondrá al cuestionamiento de la contra parte o el rechazo del juez. Si el testigo no sabe cómo incorporaremos las pruebas aludidas -y no tendría por qué saberlo si no le hemos explicado el procedimiento-, no podrá ayudarnos y, nuevamente, nos veremos en aprietos.

3. Explicarle cómo se realizará el contrainterrogatorio. Muchas veces nos concentramos en la preparación del interrogatorio (acreditación, relato de hechos, incorporación de prueba material a juicio, etcétera) y nos olvidamos de preparar a nuestro testigo para el contra examen. Debemos advertirle que, por lo general, nuestra contraparte será agresiva u hostil con él o, por lo menos, que no será tan cómodo como en el interrogatorio.

Es recomendable explicarle que en esta fase, tratarán de cuestionar su credibilidad como testigo o su relato y que, en consecuencia, debe estar muy atento a las preguntas y pensar «bien» antes de responder. No le diremos que cambie o modifique su respuesta pero sí que mantenga la calma pues producto de los ánimos agitado podría errar al contestar. Le explicaremos que nosotros estaremos atentos y si es necesario, haremos uso del re-directo para aclarar algún punto del contraexamen.

Recomendación adicional: Muchas veces los testigos se desesperan y responden muy rápidamente quitándonos la oportunidad de objetar las preguntas mal formuladas. Ante este escenario, es aconsejable sugerirle que en el contra examen nos de un lapso de tiempo muy breve (de escasos segundos) para objetar la pregunta si lo consideramos necesario. Si responde inmediatamente, limitará esta posibilidad.

4. Entregarle una copia de sus declaraciones previas. Si la legislación se los permite, es recomendable entregarle al testigo una copia de lo que declaró a nivel policial o fiscal. No queremos que el testigo memorice lo que va a decir pues ese no es el objetivo del interrogatorio sino que repase o recuerde algunos hechos, cifras o fechas que, por el paso del tiempo, pudo haber olvidado. Debemos aclararle al testigo -salvo que sea el perito- que no podrá declarar llevando documento alguno consigo pues en el juicio no se espera (ni se desea) que vaya a leer lo que declaró sino a contestar, en sus propias palabras y de forma espontánea, las preguntas que le formulen.

5. Practicar. Aspecto medular de la preparación del testigo. Si no practicamos, no sabremos cuál será el performance del testigo en juicio. Al practicar, recomendamos iniciar con preguntas destinadas a la acreditación y continuar con la línea cronológica o temática que estructura nuestro interrogatorio. De ser posible, simulemos una audiencia (que un abogado asuma el rol de nuestra contra parte y otro de juez) pues esto le permitirá tener una idea próxima sobre lo que le espera en el juicio. Si no es posible, practiquemos únicamente desde nuestra posición pero tratando de emular una audiencia real.

Esperamos encuentren útiles estas breves recomendaciones. Además, nos gustaría conocer su opinión y saber si tienen algún consejo que quisieran compartir o algún tema que propongan abordar.

Hasta la próxima!

Por: Ricardo Elías | @eliaspuelles

La preparación del testigo. Segunda parte

La semana pasada resaltamos algunos puntos a tener presente en la fase previa a la preparación del testigo que llevaremos a juicio. En esta entrada, esbozaremos algunas ideas sobre la reunión misma para maximizar la utilidad del testimonio y minimizar el impacto del contrainterrogatorio de nuestra contraparte.

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Debemos de tener presente que las siguientes son recomendaciones para la preparación del testigo. No somos partidarios de adoctrinarlo o aleccionarlo pues la ética nos lo impide. No queremos que el testigo mienta por nosotros ni que cambie su versión por la más cómoda para nuestra Teoría del Caso. Rechazamos esta posición. Dicho esto, revisemos algunas recomendaciones:

1. Agradecer su presencia. Asistir a declarar como testigo a un juicio es una situación estresante. Quizás como fiscales o defensores estemos acostumbrados a participar en ellos pero nuestros testigos, no. Por esta razón, será labor de un buen litigante transmitir confianza y seguridad para ayudarlos a sobrepasar este momento. No olvidemos agradecer su presencia en la reunión y su predisposición a colaborar con nosotros en juicio. Muchas veces, por la rutina, olvidamos este punto y simplemente nos limitamos a recibirlo e iniciar la práctica del interrogatorio. La empatía es muy importante.

2. La sala de audiencias. Recuerdo que a mi primera audiencia llegué muy temprano y no sabía dónde debía sentarme pues la Sala estaba vacía. Frente al Tribunal pero ¿a la derecha o a la izquierda? Lo mismo les pasa a los testigos y nuestra labor será evitar que estén desorientados el día del juicio. Aunque parezca irrelevante, muchos preguntan dónde está el juzgado, cómo llegar, por dónde entrar, qué deben llevar, dónde deben esperar y dónde deben ubicarse en el juicio. Es muy saludable absolver estas preguntas en la reunión previa para evitar contratiempos el día del juicio.

Comparo una sugerencia adicional, formulada por maestros mexicanos con quienes tuve el placer de dictar un taller: Lleven al testigo a una audiencia real donde ustedes participen para que se familiarice con la ubicación de las partes y con la dinámica del juicio. Sé que nuestras agendas muchas veces estarán muy apretadas pero esta pauta le servirá mucho a nuestros testigos.

3. Familia y formación. Que el testigo nos cuente sobre su familia y sobre su formación académica o laboral no sólo nos permitirá conocer qué información introduciremos en la fase de acreditación del interrogatorio sino también le generará un espacio de tranquilidad. El testigo está compartiendo datos que domina pues pertenecen a su memoria autobiográfica. Escuchémoslo y no olvidemos que hemos hecho nuestra tarea: averiguar sobre él para, llegado el momento, preguntarle sobre aquella información que quizás olvidó y que, para nosotros, es importante.

4. Denuncias, faltas o quejas. Tan importante como conocer las fortalezas del testigo, es advertir cuáles serán sus debilidades. El testigo debe saber que si nosotros no conocemos qué denuncias, faltas o quejas pueden haber en su contra, no podremos auxiliarlo en el juicio. Es importante transmitirle confianza al testigo y recordarle que quizás nuestra contraparte tenga información sobre él que nosotros, no. Por eso, al conocer sus debilidades, podremos emplearlas estratégicamente: ¿le preguntamos sobre dichas falencias en el interrogatorio o las evitamos?, ¿las presentamos al inicio, al medio o al final del examen?, si nuestra contraparte pregunta por esa información, ¿pedimos explicación en el re-directo o no?

Pongamos un ejemplo: El testigo no le dice al defensor que tuvo una denuncia por estafa y la fiscalía lo sabe, le pregunta e incorpora esta información a juicio. Como el testigo no brindó esta información en la fase de preparación, para el litigante sería muy riesgoso preguntarle ¿qué pasó con la denuncia? pues quizás haya sido archivada, esté en investigación o lo hayan condenado. En cambio, si el litigante conoce previamente esta información y sabe, por ejemplo, que fue archivada, le podrá preguntar sobre ella y el estado en el que se encuentra. En otras palabras, anticipa una debilidad y la transforma en una fortaleza.

5. Hechos que recuerda. El eje central de la reunión previa con el testigo gira en torno a este punto. Solicitaremos que nos cuente todo lo que recuerda en torno a los hechos que presenció o que conoce. Le pediremos que relate los hechos y no lo interrumpiremos con preguntas o anotaciones pues fomentaremos la narrativa libre. Es importante evitar distraerlo pues lo que queremos es escucharlo. Tampoco debemos inducirlo poniendo palabras en su boca que él no ha dicho pues no debemos engañarlo ni hacerlo mentir.

Cuando haya terminado este relato, recién formularemos preguntas y tomaremos notas sobre aquellos puntos importantes. ¿Qué tipo de preguntas emplearemos en este diálogo? Las abiertas; es decir: ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿cómo?, explícanos, cuéntanos, relátanos, etcétera.

6. Lenguaje recomendado. En el video, vimos que Erin Brockovich «pierde los papeles» y grita «ese idiota rompió mi maldito cuello«. La expresión de su abogado demuestra cuánto les perjudicó este exabrupto. En la fase de preparación no sólo le recomendaremos al testigo evitar este tipo de comportamientos sino también le explicaremos que el lenguaje que debe emplear, debe ser sencillo, claro y directo. Acabamos de escuchar su narración (libre y espontánea), ya sabemos qué expresiones emplea -sean jergas o tecnicismos- y estaremos atentos a ellas en el interrogatorio. Le sugeriremos que no las emplee pero si las usa, pediremos su aclaración: Disculpe, ¿a qué se refiere cuando dice caminaba «achoradamente»?

Todos tenemos nuestros modos de expresarnos y formas de hacerlo. No intentemos «disfrazar» al testigo, no lo podremos lograr. Tampoco lo queremos hacer pues le quitaría naturalidad al testimonio.

En la próxima entrada profundizaremos la entrevista previa al testigo y daremos algunas recomendaciones frente a posibles olvidos, contradicciones y cómo afrontar el contra-interrogatorio. Esperamos que estas ideas les resulten útiles y que compartan sus comentarios, preguntas o sugerencias.

Por: Ricardo Elías | @eliaspuelles

La preparación del testigo. Primera parte

El juicio oral es la etapa central del proceso pues tanto el fiscal como el defensor presentarán sus respectivas teorías del caso a través de los alegatos de apertura y las comprobarán con los medios de prueba ofrecidos y admitidos en la etapa intermedia. En este sentido, los testigos juegan un papel muy importante pues si bien no debemos esperar que aparezca el testigo estrella con el que ganemos el caso, es probable que su o nuestra falta de preparación nos ponga en aprietos.

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Enfrentar un juicio oral no es improvisar. Por eso, en las líneas siguientes, compartiré algunos consejos sobre cómo prepararnos antes de recibir al testigo que llevaremos al tribunal:

1. Revisar nuestra teoría del caso para saber cuál es la importancia del testigo en ella. ¿Cuántas veces nos ha pasado que hemos citado a un testigo y no tenemos claridad sobre su utilidad en juicio? La revisión debe ser antes que el testigo se reúna con nosotros pues así evitaremos hacerle perder el tiempo y maximizar el poco tiempo que disponemos.

2. Revisar las declaraciones previas que el testigo rindió durante la investigación. No esperemos que el testigo llegue a nuestra oficina o despacho para recién revisar lo que dijo a nivel preliminar o revisar en qué actuaciones participó. Esto es poco serio. Un buen litigante debe revisar la carpeta o el expediente y saber en cuántas oportunidades participó el testigo. Por ejemplo, si es policía, qué actas firmó, qué declaraciones rindió, etcétera.

3. De ser posible, tener un folder o una carpeta que recoja las declaraciones o documentos firmados por nuestro testigo. Imaginemos que nuestro testigo rindió 04 o 05 declaraciones, que participó en 02 o 03 actas de inspección, que firmó 04 o 05 actas de hallazgo, que elaboró 05 o 06 actas de incautación, que declaró varias veces en prensa escrita y un largo etcétera. Necesitamos ordenarnos. De nada sirve tener a la mano copia de todos los tomos que forman parte de la carpeta y señaladas sus intervenciones con banderitas o post it. Tener un folder independiente nos permitirá manejar la reunión con orden y rapidez. Además, podemos tener un índice en el que señalemos (i) tipo de diligencia, (ii) fecha, (iii) dónde se realizó y (iv) quiénes participaron.

4. Averiguar información extra sobre nuestro testigo. Sí, cuando el testigo llegue a la cita, indagaremos información relacionada a su acreditación. Sin embargo, es muy útil googlearlo pues quizás esta búsqueda nos arroje datos importantes sobre publicaciones suyas, noticias o declaraciones adicionales que haya rendido, noticias «comprometedoras» que, como los abogados que ofrecimos al testigo, deberíamos conocer. No estamos invadiendo su privacidad y si nosotros no lo hacemos, nada nos asegura que nuestra contraparte lo haga y lo emplee en el contra-examen. Si sus países lo permite, en Perú es posible, podemos solicitar el registro de denuncias policiales, fiscales o antecedentes judiciales a fin de conocer eventuales procesos que tenga y que nuestra parte pueda emplear para desacreditarlo.

5. Preparar un ambiente adecuado. Quizás no tengamos instalaciones de lujo o un espacio especialmente diseñado para la preparación de testigos pero debemos seleccionar y preparar un ambiente cómodo. Puede ser la sala de reunión de nuestra oficina o, si somos fiscales, un ambiente en nuestro despacho. No debe suceder que el testigo llegue a la reunión y recién busquemos dicho espacio -alguna vez vi que un abogado se limitó a limpiar su escritorio y acercar una silla porque olvidó la cita-. Lo ideal es que sea un espacio en el que no haya distractores (evitar, por ejemplo, una sala transitada) y, si es posible, ubicar la silla del testigo de espalda a la puerta para maximizar su atención hacia nosotros. [En una próxima entrada escribiré más al respecto].

6. Agendar la reunión. Lo peor que nos podría pasar es que el testigo llegue a nuestra oficina y nosotros no estemos porque lo olvidamos o porque se nos «cruzó» con alguna diligencia o con otra reunión. Tenemos muchas herramienta para evitarlo: usar una agenda, agendarlo con nuestra secretaria o asistente, usar el google calendar, etcétera. El testigo merece respeto y, además, es quien nos ayudará a comprobar las proposiciones fácticas de nuestra teoría del caso.

En la próxima entrada, brindaremos algunos consejos sobre cómo debemos dirigir la reunión en la que prepararemos al testigo.

 

La enseñanza de la Teoría del Caso

Lionel Hutz - Los Simpsons
No esperemos perder un juicio para comprender la necesidad de trabajar metodológicamente. Rompamos paradigmas y enseñémosle a nuestros alumnos a hacerlo también.

La enseñanza de la Teoría del Caso. Perú adoptó el Nuevo Código Procesal Penal en el 2004 y con ello optó por cambiar progresivamente el sistema inquisitivo por el acusatorio de rasgos adversariales. Dos años después, Huaura fue el primer distrito judicial en implementarlo. Han transcurrido casi 10 años y sólo Lima y el Callao no cuentan con este instrumento procesal. Lamentablemente, este cambio no ha sido acompañado de una reforma educativa superior. Todo lo contrario, en muchas universidades peruanas el curso de Litigación Oral mantienen una metodología educativa inadecuada y ya obsoleta para este tipo de materia: clases magistrales en las que el docente imparte conocimiento (o «saber sabio») y los discentes son meros receptores. Es más, se organizan seminarios, cursos, diplomados y talleres «especializados» en litigación oral dejando de lado el aspecto más enriquecedor: la práctica de la litigación oral. Así, los expositores se limitan a explicar qué es, por ejemplo, la teoría del caso o los alegatos de apertura y los asistentes únicamente suman horas de conocimiento pero no de práctica. El resultado: no hay un espacio adecuado de enseñanza / aprendizaje y no se desarrollan o fortalecer competencias propias del cambio de sistema.

Hace poco fui invitado a colaborar con la redacción de un artículo que ha sido publicado en el primer número especializado en Derecho Penal de la Revista Themis. El artículo lleva por nombre «No todos los caminos conducen a Roma: La teoría del caso, su utilidad en la litigación oral y una propuesta de enseñanza». Con él pretendo transmitir algunas ideas relacionadas al cambio de paradigma que debe operar en la enseñanza superior tomando como ejemplo la enseñanza de la teoría del caso. Espero que esta pequeña contribución sea útil a quienes, como yo, fueron seducidos por la docencia universitaria y buscan enriquecer sus clases con herramientas didácticas.

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